París, nueva postal de primavera

Breve relación de un viaje a la búsqueda de otra mirada

París. Una vista del puente Alejandro III

Sucesivas generaciones de artistas y escritores, cineastas, hombres de ciencia, políticos y ciudadanos del mundo regresan una y otra vez a ella con el secreto anhelo de renovar un vínculo que ningún tiempo extingue, como si el lema inscrito en su escudo (Fluctuat nec mergitur) desafiara la adversidad para celebrar que la barca de la vida, si bien es objeto de toda clase de asechanzas y desventuras, sigue navegando por encima de las olas del mar de la desdicha que baten nuestra existencia. Que sus muchos puentes, al unir las dos orillas del río que la cruza, no son sino asideros, invitaciones a ir cada vez más lejos, aun a costa de nosotros mismos.

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La magia de los libros

La aventura comienza allí donde abrimos la página. Desde el principio el texto, sea cual fuere su género, nos adentra en el dédalo de una memoria escasamente frecuentada, en los entresijos de una experiencia apenas recorrida o desmenuzada. El autor queda disuelto, pero no solo en lo escrito; principalmente su peripecia se proyecta, hasta desparramarse de forma molecular, en el alma del lector que, activo y atento, habrá de completar el viaje en esa ósmosis que tiene lugar en el hecho, unívoco siempre y exclusivo aunque revista un carácter universal, de fundirse en esa masa verbal que, árbol adentro, crece en el interior de la conjunción resultante entre voz y palabra en el acto mismo de pronunciarse. Porque solo la palabra hace al hablante, pues esta, anterior al sujeto, constituye y articula, da origen y fundamento, al ser que la recibe.

Se despliega entonces una secuencia invisible: escenas repetidas u olvidadas retornan para dar sentido y emoción, sentimiento, profundidad y perspectiva, a todo aquello que en nuestra vida parecía no tenerlo.

Hablamos de la magia, del hechizo propio del chamán que, como fuente o manantial, fertiliza el lecho que conforma la rotación de los signos en el momento de la creación literaria.

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Un encuentro fortuito

Novelas y poemas, películas y series televisivas nos hablan, cuando tratan de aproximarse a la historia de la ciudad francesa de Aviñón, de un conocimiento oculto, cabalístico, diseminado en edificios y monumentos, plazas recoletas, iglesias y monasterios que, valiéndose de signos herméticos, nos transmite un saber cifrado a lo largo de los siglos de carácter esotérico.

Aviñón, la ciudad de los papas.

Ningún escritor célebre ha publicado una guía que acierte a darnos noticia de ese tesoro escondido de hallazgos imprevistos. Solo Lawrence Durrell, en algunos de sus libros, pero sobre todo en su magna obra El quinteto de Aviñón despliega, no sin cautela, ciertos arcanos que velan ese compendio de señales y avisos que envuelven, con halo enigmático, la vieja ciudad que fuera sede papal de antiguos reinados pontificios. Sigue leyendo

Viaje al corazón de La Camarga

Para Andrée Santoni, porque si bien todo viaje abre en nuestra vida una perspectiva inédita, también, y simultáneamente, nos aporta una clara noción acerca de nosotros mismos: la del límite.

La vasta obra de Lawrence Durrell, El Quinteto de Aviñón, termina en Saintes-Maries-de-la-Mer para hacer de este enclave marinero  —lugar de peregrinación del pueblo gitano y capital de La Camarga— el símbolo exotérico de la renovación de la vida o nueva era, edad que se anuncia como triunfo sobre la ciega fuerza de la entropía. Alrededor de su iglesia, construida entre los siglos XI y XII, se arraciman las viviendas, como si éstas quisieran defenderla creando un círculo de protección, un dédalo fantástico de callejuelas y plazoletas que anudasen al mar la esperanza o el sueño de tantos peregrinos como suelen visitarla cada año. De la devoción a Marie-Jacobé y Marie-Salomé dan fe los numerosos y delicados ex-votos que adornan las paredes del templo, muestras de agradecimiento por los muchos favores recibidos. Al fondo de la iglesia, en la cripta, hallaremos la figura de Sara, la Virgen negra, a la que todos los gitanos llegados de no importa dónde veneran con tanto fervor como entusiasmo arrebatado.

Por el valor simbólico que adquiere el lugar, por sus muchas comodidades y amables tentaciones, iniciamos este viaje al corazón de La Camarga bajo la advocación de esa fuerza, entre telúrica y marina, que emana del lugar, y que Durrell sitúa en los confines de un misterio que no por oculto resulta menos evidente a lo largo de su obra.

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Identidad

Text&Context se complace en presentar este texto inédito de Concha García. El mismo forma parte de un ciclo de conferencias desarrollado en diversas universidades americanas. En sucesivas entregas iremos dando noticia de este quehacer literario de nuestra colaboradora, la cual, para dar comienzo a esta serie, ha elegido esta breve intervención sobre un tema tan controvertido como es el de la identidad. Deseamos que tanto el presente texto como el motivo que lo sustenta susciten toda clase de comentarios u opiniones.

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Un amigo llamado Nunes

♥ La escena, que podría integrarse perfectamente en Noche de vino tinto (una de sus películas más emblemáticas; en verdad una película de culto) solía tener lugar de madrugada en un punto muy concreto de nuestro recorrido: el puente de Vallcarca. De vuelta ya hacia su domicilio y bajo los arcos de dicho puente, la conversación iniciada en el bar que Jorge Beaskoa tenía por entonces en el Paseo del Born —restaurante que acogía una tertulia mensual en la que, además del propio Beaskoa, participaban, entre otros, el pintor Manolo Fandos y el periodista Josep Maria Cadena— proseguía con uno de los temas más caros y recurrentes de la galería personal de Nunes: el de la conexión con la inteligencia.

Nunes, tras rodar "Res publica".

José María Nunes, poco después de rodar «Res Publica».

Confieso que dicha expresión, al escucharla por vez primera, despertó en mí algo más que un recelo. El tono de la misma, así como su formulación un tanto petulante, evocaban o permitían abrigar una sombra de sospecha: Tal vez toda aquella retahíla de consideraciones y razonamientos de la más diversa procedencia no fuesen otra cosa que un delirio bien estructurado y con muchas posibilidades de largo alcance.

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Una extensión sin límites

Tras La lejanía (Cuaderno de Montevideo),  Concha García acaba de publicar, con la editorial sevillana La isla de Siltolá, esta segunda entrega de sus diarios.  Text&Context quiere celebrar la aparición de este nuevo volumen mediante la inclusión de esta reseña (que ha servido para realizar su presentación en Barcelona) en nuestra sección Piedra de sueños.

Portada del último libro de Concha García, "Los antiguos domicilios"

Portada de Los antiguos domicilios

Para Concha García la escritura es, ante todo, un poder transformador y evocador, a la par que un valor testimonial en alza. Un valor insustituible. Sobre todo en tiempos de oscuridad y derrota; años en que la palabra del escritor, y de modo muy particular la del poeta, es poco menos que papel mojado para las muy respetables instituciones consagradas por el poder de turno.

Al iniciar la publicación de sus diarios, la autora de Los antiguos domicilios reivindica y restaura el carácter esencial, palpitante de vida interior y expresividad formal, de un género no muy cultivado entre nosotros, para dar cuenta no sólo de una experiencia personal que se desarrolla al calor de los trabajos y los días de su quehacer poético, sino sobre todo y principalmente de la función reveladora de una mirada que despoja de coartadas y subterfugios la realidad que nos envuelve. Mirada crítica, ácida incluso, que desnuda el mundo de las apariencias para mostrarnos los contenidos latentes de verdades incómodas o situaciones crueles.

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De la belleza y sus alrededores

Para Andrée Santoni, por los días compartidos en Córcega

Un caligramático suspiro

Un caligramático suspiro

Étienne de Montety ha dicho de François Cheng que éste posee «la elocuencia de un sabio» y «el método de un moderno Sócrates». No seré yo quien le enmiende la plana al famoso crítico de Le Figaro littéraire, pues, en efecto, la obra de este escritor nacido en China, en la provincia de Shandong, y miembro de la Academia francesa, posee las notas esenciales que aúnan el rigor discursivo con la belleza propia de la persuasión más inteligente. Poeta, calígrafo, traductor al chino de la obra de Baudelaire, Rimbaud, René Char —entre otros grandes de la literatura francesa—, François Cheng es autor, asimismo, de notables ensayos acerca de la poesía y arte chinos. Su obra, ampliamente reconocida, ha merecido, entre otros, los prestigiosos premios Femina y André Malraux.

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