Cartel de "Noche de vino tinto".

Nunes, un «memento»

Imagen última de un creador irrepetible

 

Para Adela Martínez, con un recuerdo emocionado.
Asimismo, para Virginia, Jorge, Daniel, Patricia y Raquel Nunes.

Parece ser que la España de los años sesenta no fue tan truculenta como algunos pretenden. Cierto: la dictadura del general Franco fue una experiencia que traumatizó a millones de ciudadanos que, anonadados ante la mezcla de represión y precariedad existente, no acertaban sino a sobrellevar sus vidas de la forma más anodina posible. Sin embargo, en el interior de aquel país, contra viento y marea y desafiando las leyes inicuas de un régimen opresor, la vida se las arreglaba para decir aquello que no podía sino insinuarse de forma elíptica, tangencial, con sobreentendidos que, a la par que curiosidad, despertaban complicidades de todo tipo. Sigue leyendo

Nebulosa de la Quilla

Luminosos recuerdos de la materia oscura

Materia y universo en la obra de Enrique Gracián

El dolor enseñaba
Cómo una forma opaca, copiando luz ajena
Parece luminosa.

Luis Cernuda
(«Quisiera saber por qué esta muerte»)

Supe de Enrique Gracián por una entrevista que concedió en Barcelona al periódico La Vanguardia. En conversación mantenida con uno de sus colaboradores, Víctor Amela, este matemático, experto docente que siente pasión por la divulgación científica y que ha sido subdirector del programa Redes de Televisión Española (TVE), hablaba de aquello que sabe con probada solvencia, y, sobre todo, con sentido del humor. Fue este rasgo de su personalidad, así como su apellido («¿Tendrá algún grado de parentesco con Baltasar Gracián?», pregunté para mis adentros) los que me decidieron a leer su reciente obra: Construir el mundo.1 Además de encontrar en ella una exposición rigurosa y amena acerca de la formación y estructura de la materia, así como un paseo por el universo conocido hasta ahora por el hombre, descubrí en su discurso a un pedagogo ejemplar, alejado por completo de ese lema que tantos sufrimos bajo la férula de la escuela franquista: «La letra con sangre entra». Para este autor, la regla no es otra que la impartida por su admirado Mendeléyev: instruir con el ejemplo y corregir con amor. ¡Cuántas desgracias nos habríamos ahorrado de haber seguido esta recomendación, tan sabia como prudente! Sigue leyendo

Solo Bacon pudo hacerlo

Nota breve acerca de su obra dibujada

Francis Bacon sobre Lucien Freud

Obra de Francis Bacon sobre Lucien Freud

Tantas cosas se han dicho sobre Francis Bacon (Dublín, 1909 – Madrid, 1992) que cuando tuvo lugar la presentación de su «obra dibujada» nadie creyó realmente que tal cosa fuera tangible. Ciertos críticos, galeristas, escritores o periodistas, que fueron informados de la iniciativa tomada por la Francis Bacon Collection of the Drawings donated To Cristiano Lovatelli Ravarino para presentar esa producción, estimaron que la misma no era otra cosa que una invención de sus promotores. Sin embargo, y a pesar de que el propio Bacon declarase no pocas veces que su capacidad para el dibujo era, de hecho, casi nula, las exposiciones celebradas en Londres, Madrid, Avilés y Valencia, desmintieron esas y otras manifestaciones similares. Por el contrario, mostraron la potencia de una obra que, si bien oculta por razones que su propio autor nunca quiso desvelar, hundía sus raíces en las primeras tentativas pictóricas que Francis emprendiera desde muy joven. Sigue leyendo

Philippe Sollers

Infierno, angustia y deseo

Reflexiones en torno a Désir, de Philippe Sollers

Louis-Claude de Saint-Martin

Louis-Claude de Saint-Martin, el «Filósofo Desconocido».

Así, por cada instante
De goce, el precio está pagado:
Este infierno de angustia y de deseo.
Luis Cernuda (Precio de un cuerpo)

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Permanecer en el deseo y aun más allá de él: en la estela del agua que se aleja, en el aire del viento que se va. Tal parece la divisa de Louis Claude de Saint-Martin, el «Filósofo Desconocido», autor de El hombre de deseo (1790), toda una declaración revolucionaria del Iluminismo según Philippe Sollers, quien, en Désir (Gallimard, 2020), reivindica su figura como la expresión más completa y acabada de esa corriente filosófica en años decisivos de la historia europea.

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Una casa sin fronteras

Si hay una década en la España «moderna» que ha sido mitificada hasta el delirio, ésa, sin duda, es la de los años ochenta. Después de conjurar los fantasmas más temibles del pasado, y tras superar la tentativa de golpe de Estado habida en 1981 —que sirvió para afianzar la monarquía y abandonar toda pretensión republicana—, la nueva situación, perfectamente acordada, permitió liberar energías que pugnaban por realizarse en todos los órdenes de la vida. Uno de esos órdenes o estructuras —el literario— experimentó un desarrollo inusitado. Así, por ejemplo, en las capitales más importantes del Reino, florecieron revistas, tertulias, editoriales y espacios diversos donde la novela, la poesía, el teatro y demás géneros alcanzaron cotas ciertamente admirables. Nunca, antes, se había producido una eclosión semejante.

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París, nueva postal de primavera

Breve relación de un viaje a la búsqueda de otra mirada

París. Una vista del puente Alejandro III

Sucesivas generaciones de artistas y escritores, cineastas, hombres de ciencia, políticos y ciudadanos del mundo regresan una y otra vez a ella con el secreto anhelo de renovar un vínculo que ningún tiempo extingue, como si el lema inscrito en su escudo (Fluctuat nec mergitur) desafiara la adversidad para celebrar que la barca de la vida, si bien es objeto de toda clase de asechanzas y desventuras, sigue navegando por encima de las olas del mar de la desdicha que baten nuestra existencia. Que sus muchos puentes, al unir las dos orillas del río que la cruza, no son sino asideros, invitaciones a ir cada vez más lejos, aun a costa de nosotros mismos.

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La magia de los libros

La aventura comienza allí donde abrimos la página. Desde el principio el texto, sea cual fuere su género, nos adentra en el dédalo de una memoria escasamente frecuentada, en los entresijos de una experiencia apenas recorrida o desmenuzada. El autor queda disuelto, pero no solo en lo escrito; principalmente su peripecia se proyecta, hasta desparramarse de forma molecular, en el alma del lector que, activo y atento, habrá de completar el viaje en esa ósmosis que tiene lugar en el hecho, unívoco siempre y exclusivo aunque revista un carácter universal, de fundirse en esa masa verbal que, árbol adentro, crece en el interior de la conjunción resultante entre voz y palabra en el acto mismo de pronunciarse. Porque solo la palabra hace al hablante, pues esta, anterior al sujeto, constituye y articula, da origen y fundamento, al ser que la recibe.

Se despliega entonces una secuencia invisible: escenas repetidas u olvidadas retornan para dar sentido y emoción, sentimiento, profundidad y perspectiva, a todo aquello que en nuestra vida parecía no tenerlo.

Hablamos de la magia, del hechizo propio del chamán que, como fuente o manantial, fertiliza el lecho que conforma la rotación de los signos en el momento de la creación literaria.

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Un encuentro fortuito

Novelas y poemas, películas y series televisivas nos hablan, cuando tratan de aproximarse a la historia de la ciudad francesa de Aviñón, de un conocimiento oculto, cabalístico, diseminado en edificios y monumentos, plazas recoletas, iglesias y monasterios que, valiéndose de signos herméticos, nos transmite un saber cifrado a lo largo de los siglos de carácter esotérico.

Aviñón, la ciudad de los papas.

Ningún escritor célebre ha publicado una guía que acierte a darnos noticia de ese tesoro escondido de hallazgos imprevistos. Solo Lawrence Durrell, en algunos de sus libros, pero sobre todo en su magna obra El quinteto de Aviñón despliega, no sin cautela, ciertos arcanos que velan ese compendio de señales y avisos que envuelven, con halo enigmático, la vieja ciudad que fuera sede papal de antiguos reinados pontificios. Sigue leyendo

Viaje al corazón de La Camarga

Para Andrée Santoni, porque si bien todo viaje abre en nuestra vida una perspectiva inédita, también, y simultáneamente, nos aporta una clara noción acerca de nosotros mismos: la del límite.

La vasta obra de Lawrence Durrell, El Quinteto de Aviñón, termina en Saintes-Maries-de-la-Mer para hacer de este enclave marinero  —lugar de peregrinación del pueblo gitano y capital de La Camarga— el símbolo exotérico de la renovación de la vida o nueva era, edad que se anuncia como triunfo sobre la ciega fuerza de la entropía. Alrededor de su iglesia, construida entre los siglos XI y XII, se arraciman las viviendas, como si éstas quisieran defenderla creando un círculo de protección, un dédalo fantástico de callejuelas y plazoletas que anudasen al mar la esperanza o el sueño de tantos peregrinos como suelen visitarla cada año. De la devoción a Marie-Jacobé y Marie-Salomé dan fe los numerosos y delicados ex-votos que adornan las paredes del templo, muestras de agradecimiento por los muchos favores recibidos. Al fondo de la iglesia, en la cripta, hallaremos la figura de Sara, la Virgen negra, a la que todos los gitanos llegados de no importa dónde veneran con tanto fervor como entusiasmo arrebatado.

Por el valor simbólico que adquiere el lugar, por sus muchas comodidades y amables tentaciones, iniciamos este viaje al corazón de La Camarga bajo la advocación de esa fuerza, entre telúrica y marina, que emana del lugar, y que Durrell sitúa en los confines de un misterio que no por oculto resulta menos evidente a lo largo de su obra.

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