La cuesta de Sísifo

La cuesta de Sísifo, primera sección de este blog, persigue reunir todos aquellos escritos que desarrollen una crítica de las figuras principales que dominan el orbe de nuestra cultura social o política. En ella, pues, tendrán cabida artículos, comentarios y notas que reflejen no sólo temas de actualidad, sino estructuras más profundas y duraderas que determinan el curso de nuestra vida. Sabemos que Sísifo nunca logrará coronar la cumbre, que sus trabajos están condenados al fracaso. Fracaso relativo, sin embargo, pues tras cada tentativa de ascenso la experiencia se fortalece y un nuevo y más amplio conocimiento ilumina el alma del género humano. Aun cuando parezca condenado a repetirse, el ascenso nunca es el mismo, y la cuesta decrece por efecto de la erosión que los pasos del mito ejercen sobre la superficie de la corteza terrestre.

Más allá del Trópico, el amor

Para Andrée Santoni, por un viaje inolvidable. Y, en el recuerdo de otro tiempo, para José María y Francisco de Borja Calzado Fernández, por la aventura vivida durante los años de militancia comunista.

A aquel hombre le pidieron su tiempo
para que lo juntara al tiempo de la Historia.

Heberto Padilla (En tiempos difíciles)

Entrada de Fidel Castro en La Habana

La revolución triunfante, con su “ideal diferente”, entra en La Habana. Enero de 1959.

De una u otra forma, todos hemos sido convocados a juntar nuestro tiempo al tiempo de la Historia. Nuestro destino, aun cuando nos rebelemos contra él, está indisolublemente unido al curso de los acontecimientos colectivos que gobiernan nuestra vida. No es posible, aunque para ciertos poetas sea un ideal practicable, vivir en la insularidad de una existencia desligada del instante que nos ha tocado en suerte. Probablemente la humanidad haya conocido momentos más apasionantes que éste, estelares incluso; pero el actual, sin duda, es nuestro tiempo, el que nos ha sido concedido en la Tierra. A él, pues, debemos atenernos para vivirlo con la intensidad que reclama el deseo. Nos lo recuerda Bertolt Brecht con palabra percutiente que zumba en los oídos: «No os dejéis engañar / con que la vida es poco. / Bebedla a grandes tragos / porque no os bastará / cuando hayáis de perderla.»

Las pasiones que ilumina el deseo soportan mal la espera. Nada quieren saber de aplazamientos. Sin embargo, para realizarse, precisan tanto de la narración como del sueño; en definitiva, hay que darles continuidad y encadenamiento, es decir, tiempo.

Esta digresión viene a cuento como reflexión previa al relato de un viaje pendiente. Un viaje que siempre quise hacer y para el que nunca encontré ocasión idónea. Quizá porque las ocasiones «idóneas» sólo se dan en el ámbito de la imaginación, en el circuito íntimo de nuestra fantasía.

Cuba, con su revolución y su música, su carácter rebelde y entusiasta, con la promesa de una nueva sociedad que dejara atrás las terribles injusticias que vivimos bajo la férula de un capitalismo sin mecanismos adecuados de control social, encarnó, tanto para mi generación como para otras más jóvenes que la mía, ese ideal hacia el cual había que acercarse al precio que fuera. Fue algo más que una breve representación onírica. Esa experiencia forjó el carácter de muchos militantes comunistas, empujó a miles de ellos a una lucha desigual y despiadada, y acabó siendo el espejo en el cual contemplarse antes de emprender la larga marcha hacia un futuro que, al parecer, ya estaba escrito.

Pero antes de volcar en el papel algunas pinceladas significativas de mi periplo viajero, de realizar una breve relación de impresiones y pequeños acontecimientos, preciso es recordar, aun a grandes rasgos, el sentido que tuvo para muchos de los que quisimos «asaltar los cielos» el nacimiento y evolución de un  ensayo que pretendía «cambiar la vida y transformar el mundo».

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Un grito ahogado ante la conciencia de Europa

Cordero de Alá es una novela que próximamente Ediciones Carena, de Barcelona, ofrecerá en su catálogo de novedades poco antes del 23 de Abril, Diada de Sant Jordi. Es un texto que he escrito en colaboración con Hosni Chakir, ciudadano español de origen marroquí, el cual ha trabajado durante 20 años con el Departament de Benestar Social de la Generalitat de Catalunya. Actor, director y guionista, Hosni ha dirigido dos cortos cinematográficos: El pescador y Eva. La narración que ambos autores hemos creado da cuenta de la peripecia de un periodista en ciudades tan distantes como  Bagdad y Barcelona. Mikel Izarra, nombre de nuestro personaje, es, en efecto, un reportero que cubre el conflicto que está desollando, desde hace ya demasiados años, la piel de naciones como Iraq y Siria, pero que, peligrosamente, se extiende por toda la geografía de Oriente Medio. Es, sobre todo, una incursión en el mundo tenebroso de la Yihad que grupos como Estado Islámico despliegan tanto en la zona como en Europa.

No desvelaremos, por ahora, ni elementos de la trama ni , por supuesto, su desenlace. Pero sí queremos compartir desde este momento la posición que con relación al problema de los refugiados ha elaborado nuestro héroe, Mikel Izarra, como colofón de su experiencia al final de su relato.

El problema, actual y candente, exige una reflexión y una respuesta que ya no puede esperar indefinidamente. Os invitamos, pues, a leer esta parte de nuestro texto y a mostrar nuestra solidaridad para quienes sólo aguardan —porque nada más pueden esperar— un gesto fraterno de humanidad compartida.

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Casi un apunte: Jordi Dauder

Jordi Dauder, actor, activista, revolucionario.

Su mirada, siempre abierta, recuerda los certeros versos de Cernuda.

El presente texto fue publicado en su momento (Septiembre de 2011) por las revistas Sin Permiso y Trasversales, de Barcelona y Madrid, respectivamente.  A Jordi Dauder tuve la suerte de conocerle en plena «transición democrática», durante unos años que fueron de profunda inestabilidad, pero que también forjaron un tiempo de grandes esperanzas. Esperanzas bien fundamentadas en el trabajo creativo y en el compromiso militante. Sirva, pues, su reproducción en La cuesta de Sísifo, como un recuerdo más y un homenaje a su memoria.

Vivir es mirar el sol frente a frente (Luis Cernuda)

Durante los primeros años de nuestra curiosa democracia, es decir, durante los primeros años de la tan publicitada «transición», y hasta el ascenso del PSOE al gobierno (que no al poder), la librería Leviatán, situada en la calle Santa Ana de Barcelona, cumplió un papel importante en la transmisión del pensamiento marxista revolucionario. Charlas, coloquios, presentaciones de libros y tertulias de toda índole, jalonaron una trayectoria que trascendía los estrechos límites de aquel espacio. Era conocida la filiación trotskista de sus integrantes, y, de hecho, esa isla de cultura y pensamiento militante era considerada en la ciudad como la vitrina de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR). Era, en algunos aspectos, un lugar que evocaba aquel otro que François Maspero había creado en París: La Joie de Lire. En efecto, comunistas de toda clase y condición e izquierdistas sin partido pasaron por aquel lugar, y, desde el encuentro fructífero o frustrado, la palabra de los marxistas que sí querían transformar de raíz esta sociedad se abría paso entre el oportunismo rampante de aquellas otras formaciones de carácter «socialista» que, abjurando del marxismo, lo reducían a la categoría de fetiche o mercancía averiada en trance de extinción. Pocas, muy pocas eran las figuras destacadas que se atrevían, con rigor científico y compromiso ético, a reivindicar durante esos años la vigencia del pensamiento marxista. Así, por ejemplo, recuerdo la intervención que Manuel Sacristán y Paco Fernández Buey realizaron en esa librería con motivo de la aparición del título dedicado a reproducir, íntegramente, los contenidos de la revista Comunismo, «órgano teórico de la Oposición Internacional en España». En ese volumen, editado por Fontamara en octubre de 1978, aparecían, entre otros,  artículos y materiales muy elaborados de autores tales como Andrés Nin, Juan Andrade, Esteban Bilbao, León Trotsky, Alfonso Leonetti o André Malraux. Fue ésta una ocasión polémica, entre otras razones porque un histórico militante poumista, Jordi Arquer, tuvo la humorada de recordarnos, en el acogedor escenario de Leviatán, que «lo mejor del trotskismo es Trotsky… siendo, en cambio, lo peor de Trotsky, el trotskismo». Sigue leyendo

Cataluña, hora cero. De la Mancomunidad a la Consulta (1914-2014)

Para ti, David. Escrito en la mañana de tu aniversario.
Con el deseo de que tu tiempo por venir sea mucho mejor que el tiempo que ahora nos desvive

Diada de Catalunya

Diada Nacional de Catalunya

El “proceso” iniciado en Cataluña con la puesta en marcha del “derecho a decidir” entra ya en su recta final. Veremos qué nos depara el próximo futuro. Mientras tanto, os invito a leer este texto que muy pronto publicará Ediciones Carena, de Barcelona, junto a los de otros autores, bajo el título de Por el derecho a disentir. En este “proceso” ha faltado, y sigue faltando, más reflexión y pensamiento y menos sentimientos viscerales. Más sosiego. Es mucho lo que está en juego y no podemos perder todo aquello que ha costado largos decenios de lucha.  

«[…] leo un artículo de Menéndez Pidal sobre los proyectos
de estatutos autonómicos. Su criterio es unitario e historicista.
Teme la dispersión. Argumenta con que Cataluña y Galicia
nunca han sido independientes. Cita, en el modo de las
revistas técnicas, lo que “ha notado A. Castro”.
Este A. es Américo. El artículo me parece embarullado,
porque no va a la raíz de la cuestión, que es como debe
atacarla un político: la existencia real (por mucho que
contradiga a la historia) de una voluntad secesionista
en varias regiones. Y esto no se resuelve con textos
de Estrabón.»
Manuel Azaña, Memorias políticas y de guerra, Tomo I,
Editorial Crítica, Barcelona, 2ª Ed., 1978.

Pocos, muy pocos escritores españoles, que unieran además una firme vocación política a su práctica intelectual, han formulado con tamaño acierto uno de los problemas que desde hace mucho, mucho tiempo, atenazan el porvenir de este país al que, todavía hoy, seguimos llamando España. Porque, como muy bien señala la observación del que fuera presidente de la Segunda República Española, la «raíz de la cuestión» con relación a determinadas nacionalidades que integran el territorio «español» no es otra, en efecto, que «la existencia real […] de una voluntad secesionista». Esa voluntad, en Cataluña, hoy es real, existe más allá del poderoso aparato de agitación y propaganda desplegado por el gobierno de Convergència i Unió (CiU) y secundado por la oposición que lidera Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), seguida muy de cerca por Iniciativa per Catalunya Verds – Esquerra Unida i Alternativa (ICV-EUiA) y por esa otra formación de nuevo cuño llamada Candidatura d’Unitat Popular (CUP). Ese aparato de propaganda ejerce una presión continua sobre la ciudadanía, es cierto; sin embargo, y por sí misma, esa campaña de agitprop no explica el sentimiento de repudio que se ha extendido, como una mancha de aceite y a lo largo de años, entre amplias capas de la población catalana; principalmente entre la pequeña burguesía rural y urbana, pero también entre las clases trabajadoras, y, sobre todo, entre la alta burguesía, cuyos intereses residen más bien en paraísos fiscales y en sociedades multinacionales, con las cuales operan en el concierto global de la moderna sociedad posindustrial, que en un marco español, cuya existencia es percibida como un obstáculo para su plena expansión.

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Una radical alteridad

A Marcelino Martínez Lafuente, mi padre,
en el Xº aniversario de su muerte.
Muchos años después, recuerdo todavía su
visión certera de cuanto,
casi sin darnos cuenta, ya sucede.

 

Lamerica

Cartel publicitario de la película de Gianni Amelio, “Lamerica”.

La imagen, no por repetida, deja de ser cierta: cada año, miles de inmigrantes, desembarcan en nuestras costas con el firme propósito de hallar un lugar bajo el dorado sol de Europa. Las cámaras de televisión, invariablemente, nos muestran variantes distintas de una misma escena en la que los cadáveres, el dolor, la impotencia y el silencio son patrimonio exclusivo de quienes —no hace tantos años de ello—, precisamente por ser los desheredados de la Tierra, estaban llamados a transformar el mundo. En nuestros días ya no les queda ni esa esperanza siquiera. Sólo quieren sobrevivir en los suburbios de las grandes metrópolis o en las afueras de modernos polos de desarrollo agrícola que, como los de El Ejido o El Maresme, los acogen temporalmente para despellejarlos hasta la extenuación de sus fuerzas. Son —perdón por recordarlo— mano de obra barata que se mueve en condiciones infrahumanas. Sigue leyendo

Comunismo y nueva era

Francisco Fernández Buey

Imagen Fernández Buey, en una foto tomada por Elisa Cabot.

El presente trabajo, como así se indica más abajo, fue una respuesta al artículo publicado por Francisco Fernández Buey en el periódico El País, en su edición del 2 de Enero de 1996. Comoquiera que dicho artículo cosechó ésta y otras respuestas a cuestionamientos  e intenciones que allí se expusieron con precisión y valentía, y comoquiera también que conociese a su autor desde la ya lejana época en que integrara la redacción de la revista Materiales, con Manuel Sacristán Luzón, María José Aubet, Antoni Domènech, y otros, sirvan las presentes líneas como un recuerdo emocionado de su importante labor docente y de su firme amistad,  atenta y generosa siempre.

 

«No tengo más nostalgia que la de las fuerzas
perdidas en luchas que no podían sino ser
estériles. Me enseñaron que lo mejor y lo peor
se dan juntos en el hombre, se confunden a veces
—y que la corrupción de lo mejor es lo peor que hay…»
VÍCTOR SERGE. Memorias de un revolucionario.

-I-

Recientemente, un artículo (1) aparecido en El País, ha planteado, una vez más, la profunda crisis por la que atraviesa el movimiento comunista internacional. Su autor, Francisco Fernández Buey, ha tenido la valentía y la honradez necesarias para enfrentar tan espinoso asunto sin la hipocresía o la doblez que han caracterizado, y siguen distinguiendo todavía, a un sinfín de escritores que, hasta el momento, no han hecho otra cosa que repetir una sarta de lugares comunes cuando no han abundado, abierta y conscientemente, en falsificaciones históricas más o menos groseras.

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Abel Paz o la memoria perdida de Ricardo Santany

Edición del libro de Abel Paz "Viaje al pasado".

Edición del libro de memorias de Abel Paz “Viaje al pasado”.

Ahora pueden gozar ustedes ininterrumpidamente
de cadáveres mutilados, cuerpos grotescos colgando de
las farolas, jaurías de perros adiestrados en la caza
y devoración de sospechosos, de un primer ministro empalado
y sin ojos, con un gracioso alfiler de corbata
adornado con sus propios testículos.
JUAN GOYTISOLO (Paisajes después de la batalla)

 

Para muchos, la caída del muro de Berlín, como símbolo, ha representado el fin de una era: el fin del socialismo realmente existente. Escritores y filósofos, periodistas, ideólogos liberales, historiadores, políticos y gentes identificadas con la democracia como bien supremo, han celebrado de forma entusiasta ese momento culminante de la historia europea. Nos han dicho, entre sonrisas de triunfo y gestos de complicidad, que, de ahí en adelante, sólo la libertad, la justicia, el necesario mestizaje entre culturas, conformarían un período en el que la ciencia, el arte, y un fantástico desarrollo económico y social, darían paso a un nuevo orden a escala planetaria en el que la razón humana reinaría para siempre como norma soberana de conducta entre los hombres. Sigue leyendo

Un hombre en la encrucijada de la Historia: Vasili Grossman

Cierta crítica literaria asimila Vida y destino Guerra y paz. Ambas novelas, en efecto, son el vivo reflejo de un momento decisivo para la nación que sufrió la invasión de las

Vasili Grossman

Imagen de la portada del libro “Vida y destino”.

tropas napoleónicas y, más tarde, el genocidio emprendido por el nazifascismo europeo. Por su extensión, por esa vocación totalizadora al desplegar una masa verbal que abarca un proceso particularmente dinámico de su historia, las dos obras constituyen un hito de la literatura rusa y universal. Sin embargo, la obra de Grossman concentra sobre sí una nota que, cuando menos, la hace característica: la de mostrar el mundo desde el interior de un conflicto que no puede más que determinar la suerte de todas las líneas que conforman su devenir y su sino. Hasta tal punto la guerra y sus devastadoras consecuencias ocupan la centralidad del relato que la narración no puede sino evocar una idea que, entre nosotros, Luis Cernuda expresó con singular acierto: «No sabe qué es la vida / Quien jamás alentó bajo la guerra.» Sigue leyendo