Todas las entradas de José Enrique Martínez Lapuente

La cuesta de Sísifo

La cuesta de Sísifo, primera sección de este blog, persigue reunir todos aquellos escritos que desarrollen una crítica de las figuras principales que dominan el orbe de nuestra cultura social o política. En ella, pues, tendrán cabida artículos, comentarios y notas que reflejen no sólo temas de actualidad, sino estructuras más profundas y duraderas que determinan el curso de nuestra vida. Sabemos que Sísifo nunca logrará coronar la cumbre, que sus trabajos están condenados al fracaso. Fracaso relativo, sin embargo, pues tras cada tentativa de ascenso la experiencia se fortalece y un nuevo y más amplio conocimiento ilumina el alma del género humano. Aun cuando parezca condenado a repetirse, el ascenso nunca es el mismo, y la cuesta decrece por efecto de la erosión que los pasos del mito ejercen sobre la superficie de la corteza terrestre.

Más allá del Trópico, el amor

Para Andrée Santoni, por un viaje inolvidable. Y, en el recuerdo de otro tiempo, para José María y Francisco de Borja Calzado Fernández, por la aventura vivida durante los años de militancia comunista.

A aquel hombre le pidieron su tiempo
para que lo juntara al tiempo de la Historia.

Heberto Padilla (En tiempos difíciles)

Entrada de Fidel Castro en La Habana

La revolución triunfante, con su “ideal diferente”, entra en La Habana. Enero de 1959.

De una u otra forma, todos hemos sido convocados a juntar nuestro tiempo al tiempo de la Historia. Nuestro destino, aun cuando nos rebelemos contra él, está indisolublemente unido al curso de los acontecimientos colectivos que gobiernan nuestra vida. No es posible, aunque para ciertos poetas sea un ideal practicable, vivir en la insularidad de una existencia desligada del instante que nos ha tocado en suerte. Probablemente la humanidad haya conocido momentos más apasionantes que éste, estelares incluso; pero el actual, sin duda, es nuestro tiempo, el que nos ha sido concedido en la Tierra. A él, pues, debemos atenernos para vivirlo con la intensidad que reclama el deseo. Nos lo recuerda Bertolt Brecht con palabra percutiente que zumba en los oídos: «No os dejéis engañar / con que la vida es poco. / Bebedla a grandes tragos / porque no os bastará / cuando hayáis de perderla.»

Las pasiones que ilumina el deseo soportan mal la espera. Nada quieren saber de aplazamientos. Sin embargo, para realizarse, precisan tanto de la narración como del sueño; en definitiva, hay que darles continuidad y encadenamiento, es decir, tiempo.

Esta digresión viene a cuento como reflexión previa al relato de un viaje pendiente. Un viaje que siempre quise hacer y para el que nunca encontré ocasión idónea. Quizá porque las ocasiones «idóneas» sólo se dan en el ámbito de la imaginación, en el circuito íntimo de nuestra fantasía.

Cuba, con su revolución y su música, su carácter rebelde y entusiasta, con la promesa de una nueva sociedad que dejara atrás las terribles injusticias que vivimos bajo la férula de un capitalismo sin mecanismos adecuados de control social, encarnó, tanto para mi generación como para otras más jóvenes que la mía, ese ideal hacia el cual había que acercarse al precio que fuera. Fue algo más que una breve representación onírica. Esa experiencia forjó el carácter de muchos militantes comunistas, empujó a miles de ellos a una lucha desigual y despiadada, y acabó siendo el espejo en el cual contemplarse antes de emprender la larga marcha hacia un futuro que, al parecer, ya estaba escrito.

Pero antes de volcar en el papel algunas pinceladas significativas de mi periplo viajero, de realizar una breve relación de impresiones y pequeños acontecimientos, preciso es recordar, aun a grandes rasgos, el sentido que tuvo para muchos de los que quisimos «asaltar los cielos» el nacimiento y evolución de un  ensayo que pretendía «cambiar la vida y transformar el mundo».

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Un grito ahogado ante la conciencia de Europa

Cordero de Alá es una novela que próximamente Ediciones Carena, de Barcelona, ofrecerá en su catálogo de novedades poco antes del 23 de Abril, Diada de Sant Jordi. Es un texto que he escrito en colaboración con Hosni Chakir, ciudadano español de origen marroquí, el cual ha trabajado durante 20 años con el Departament de Benestar Social de la Generalitat de Catalunya. Actor, director y guionista, Hosni ha dirigido dos cortos cinematográficos: El pescador y Eva. La narración que ambos autores hemos creado da cuenta de la peripecia de un periodista en ciudades tan distantes como  Bagdad y Barcelona. Mikel Izarra, nombre de nuestro personaje, es, en efecto, un reportero que cubre el conflicto que está desollando, desde hace ya demasiados años, la piel de naciones como Iraq y Siria, pero que, peligrosamente, se extiende por toda la geografía de Oriente Medio. Es, sobre todo, una incursión en el mundo tenebroso de la Yihad que grupos como Estado Islámico despliegan tanto en la zona como en Europa.

No desvelaremos, por ahora, ni elementos de la trama ni , por supuesto, su desenlace. Pero sí queremos compartir desde este momento la posición que con relación al problema de los refugiados ha elaborado nuestro héroe, Mikel Izarra, como colofón de su experiencia al final de su relato.

El problema, actual y candente, exige una reflexión y una respuesta que ya no puede esperar indefinidamente. Os invitamos, pues, a leer esta parte de nuestro texto y a mostrar nuestra solidaridad para quienes sólo aguardan —porque nada más pueden esperar— un gesto fraterno de humanidad compartida.

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Identidad

Text&Context se complace en presentar este texto inédito de Concha García. El mismo forma parte de un ciclo de conferencias desarrollado en diversas universidades americanas. En sucesivas entregas iremos dando noticia de este quehacer literario de nuestra colaboradora, la cual, para dar comienzo a esta serie, ha elegido esta breve intervención sobre un tema tan controvertido como es el de la identidad. Deseamos que tanto el presente texto como el motivo que lo sustenta susciten toda clase de comentarios u opiniones.

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Un amigo llamado Nunes

♥ La escena, que podría integrarse perfectamente en Noche de vino tinto (una de sus películas más emblemáticas; en verdad una película de culto) solía tener lugar de madrugada en un punto muy concreto de nuestro recorrido: el puente de Vallcarca. De vuelta ya hacia su domicilio y bajo los arcos de dicho puente, la conversación iniciada en el bar que Jorge Beaskoa tenía por entonces en el Paseo del Born —restaurante que acogía una tertulia mensual en la que, además del propio Beaskoa, participaban, entre otros, el pintor Manolo Fandos y el periodista Josep Maria Cadena— proseguía con uno de los temas más caros y recurrentes de la galería personal de Nunes: el de la conexión con la inteligencia.

Nunes, tras rodar "Res publica".

José María Nunes, poco después de rodar “Res Publica”.

Confieso que dicha expresión, al escucharla por vez primera, despertó en mí algo más que un recelo. El tono de la misma, así como su formulación un tanto petulante, evocaban o permitían abrigar una sombra de sospecha: Tal vez toda aquella retahíla de consideraciones y razonamientos de la más diversa procedencia no fuesen otra cosa que un delirio bien estructurado y con muchas posibilidades de largo alcance.

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Una extensión sin límites

Tras La lejanía (Cuaderno de Montevideo),  Concha García acaba de publicar, con la editorial sevillana La isla de Siltolá, esta segunda entrega de sus diarios.  Text&Context quiere celebrar la aparición de este nuevo volumen mediante la inclusión de esta reseña (que ha servido para realizar su presentación en Barcelona) en nuestra sección Piedra de sueños.

Portada del último libro de Concha García, "Los antiguos domicilios"

Portada de Los antiguos domicilios

Para Concha García la escritura es, ante todo, un poder transformador y evocador, a la par que un valor testimonial en alza. Un valor insustituible. Sobre todo en tiempos de oscuridad y derrota; años en que la palabra del escritor, y de modo muy particular la del poeta, es poco menos que papel mojado para las muy respetables instituciones consagradas por el poder de turno.

Al iniciar la publicación de sus diarios, la autora de Los antiguos domicilios reivindica y restaura el carácter esencial, palpitante de vida interior y expresividad formal, de un género no muy cultivado entre nosotros, para dar cuenta no sólo de una experiencia personal que se desarrolla al calor de los trabajos y los días de su quehacer poético, sino sobre todo y principalmente de la función reveladora de una mirada que despoja de coartadas y subterfugios la realidad que nos envuelve. Mirada crítica, ácida incluso, que desnuda el mundo de las apariencias para mostrarnos los contenidos latentes de verdades incómodas o situaciones crueles.

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De la belleza y sus alrededores

Para Andrée Santoni, por los días compartidos en Córcega

Un caligramático suspiro

Un caligramático suspiro

Étienne de Montety ha dicho de François Cheng que éste posee “la elocuencia de un sabio” y “el método de un moderno Sócrates”. No seré yo quien le enmiende la plana al famoso crítico de Le Figaro littéraire, pues, en efecto, la obra de este escritor nacido en China, en la provincia de Shandong, y miembro de la Academia francesa, posee las notas esenciales que aúnan el rigor discursivo con la belleza propia de la persuasión más inteligente. Poeta, calígrafo, traductor al chino de la obra de Baudelaire, Rimbaud, René Char —entre otros grandes de la literatura francesa—, François Cheng es autor, asimismo, de notables ensayos acerca de la poesía y arte chinos. Su obra, ampliamente reconocida, ha merecido, entre otros, los prestigiosos premios Femina y André Malraux.

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Amarga píldora

 

 

 

Juan Goytisolo, premio Cervantes 2015

Imagen de Juan Goytisolo

Fue una ceremonia harto singular: el invitado, Juan Goytisolo, acudió a la cita del Premio Cervantes 2014 no vestido de pingüino, como mandan los cánones de la Academia, sino con una sencilla, a la par que elegante, chaqueta verde, corbata a juego con la misma y pantalón gris oscuro. Ese primer desplante debió de sentar muy mal a tanto «grande» de España allí reunido, porque tras un discurso bien medido y breve, maravillosamente directo, los aplausos de quienes decidieron cumplir con las más elementales normas de cortesía sonaron a hueco. No fue el único —ni el más destacado— «desaire» que propinó el escritor a la exquisita y distinguida audiencia allí reunida. Ya el título de su discurso, A la llana y sin rodeos, no auguraba concesión alguna ante tamaña concurrencia.

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