Una casa sin fronteras

Si hay una década en la España «moderna» que ha sido mitificada hasta el delirio, ésa, sin duda, es la de los años ochenta. Después de conjurar los fantasmas más temibles del pasado, y tras superar la tentativa de golpe de Estado habida en 1981 —que sirvió para afianzar la monarquía y abandonar toda pretensión republicana—, la nueva situación, perfectamente acordada, permitió liberar energías que pugnaban por realizarse en todos los órdenes de la vida. Uno de esos órdenes o estructuras —el literario— experimentó un desarrollo inusitado. Así, por ejemplo, en las capitales más importantes del Reino, florecieron revistas, tertulias, editoriales y espacios diversos donde la novela, la poesía, el teatro y demás géneros alcanzaron cotas ciertamente admirables. Nunca, antes, se había producido una eclosión semejante.

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